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miércoles, 13 de agosto de 2014

¿Y si Israel no tuviera "derecho a existir"? Reflexiones de Sharmine Narwani



Mesianismo, xenofobia y racismo: los fundamentos del estado colonial israelí.



El 4 de agosto del 2014, en plena masacre de palestinos, la analista política Sharmine Narwani publicó en Le Gran Soir un artículo que más allá de la recurrente masacre en Gaza resume el motor histórico de esta injusticia sin fin: un estado colonial y racista que no debería existir. Esta perspectiva rompe con los paradigmas mediáticos vigentes según los cuales es posible criticar los crímenes de Israel si no se cuestiona su legitimidad como país normal en el concierto internacional. A veces, ciertos textos actúan como parteaguas. Rompen con la carga de terror que impide llamar a las cosas por su nombre. Este es un buen ejemplo de ello. La traducción es cortesía de Boltxe Kolektiboa aunque se añadieron correcciones propias.


Perdona, pero Israel no tiene ningún derecho a existir / Sharmine Narwani



La expresión «derecho a existir» entró en mi conciencia en los años 1990, así como el concepto de una solución de los dos Estados entró en el vocabulario colectivo. En cada debate en la universidad, cuando un sionista se quedaba sin argumentos invocaban estas tres palabras mágicas para interrumpir la conversación con un indignado «¿estáis diciendo que Israel no tiene derecho a existir?».
Está claro, no puedes cuestionar el derecho de Israel a existir -sería como negar el derecho fundamental de los judíos a tener… derechos, y toda la culpabilidad del Holocausto será lanzada contra ti.
Salvo que yo no tengo nada que ver con el Holocausto -y los palestinos tampoco. El programa europeo de metódica limpieza étnica contra su población judía fue empleado, de manera totalmente cínica y oportunista, para justificar la limpieza étnica de la nación árabe palestina, asunto que me deja del todo indiferente. Ya estoy demasiado cansada de levantar los ojos al cielo cada vez que oigo en la misma frase las palabras Holocausto e Israel.
Lo que me trastorna en esta era posterior a la «solución de dos Estados», es la audacia misma de la existencia de Israel.
Qué idea tan fantástica, esta noción que un grupo de extranjeros de otro continente pueda apropiarse de una nación existente y habitada y convencer a la «comunidad internacional» que esto es justamente lo que debía hacerse. Podría reírme de tanto descaro si no fuera algo tan grave.
Más grave es la limpieza étnica masiva de la población palestina indígena llevada a cabo por los judíos perseguidos, apenas repuestos de su propia experiencia de limpieza étnica.
Pero lo más terrible es la manipulación psicológica de las masas al creer que los palestinos son peligrosos «terroristas» determinados a «echar a los judíos al mar». Yo trabajo con las palabras y el uso del lenguaje en la creación de percepciones me intriga. Esta práctica -muchas veces llamada «diplomacia pública»- se ha convertido en herramienta indispensable en el mundo de la geopolítica. Las palabras, al fin y al cabo, son bloques de construcción de nuestra psicología.
Tomemos, por ejemplo, la manera en la que hemos llegado a percibir el «litigio» palestino-israelí y todas las resoluciones de este conflicto que continúa. Voy a utilizar ideas ya expresadas en otros artículos.
Estados Unidos e Israel han determinado el discurso mundial sobre esta cuestión, definiendo sus estrictos parámetros que limitan cada vez más el contenido y la orientación del debate. Hasta hace poco, cualquier discusión fuera de estos parámetros, era considerada como irreal, improductiva e incluso subversiva.
La participación en el debate está reservada a los que suscriben estos grandes principios: aceptación de Israel, su hegemonía regional y su superioridad militar; aceptación de la lógica dudosa sobre la que se funda la reivindicación de Palestina por el Estado judío; y aceptación de quienes son los interlocutores, movimientos y gobiernos aceptables o no en cualquier solución al conflicto.
Palabras como paloma, halcón, militante, extremista, moderado, terrorista, islamo-fascista, negacionista, amenaza existencial, mulá loco, determinan la participación en la solución y son capaces de excluir otras instantáneamente.
Seguidamente, está el lenguaje que preserva «el derecho de Israel a existir» sin hacer ninguna pregunta: todos lo que invocan al Holocausto, el antisemitismo y los mitos sobre los derechos históricos de los judíos a la tierra legada por el Todo-Poderoso –como si Dios fuera un agente inmobiliario. Este lenguaje no intenta solamente impedir cualquier tipo de contestación a la conexión judía con Palestina, sino que además busca sobre todo castigar y marginar a los que atacan la legitimidad de esta experiencia colonial moderna.
Pero este pensamiento colectivo no llega a nada, no hace más que ocultar, distraer, desviar, esquivar y disminuir y no nos encontramos más cerca de una solución satisfactoria… porque la premisa es falsa.
No hay ninguna solución a este problema. Es el tipo de crisis en la cual constatas el fracaso, ves los errores y los corriges. El problema es Israel. Es la última experiencia colonial de los tiempos modernos, una experiencia llevada a cabo en el mismo momento en que tales proyectos se hundían en todo el mundo.
No hay «conflicto palestino-israelí» pues esto daría a entender que hay cierta igualdad en el poder, el sufrimiento y los elementos concretos a negociar. Pero no existe la más mínima simetría en esta ecuación. Israel es el ocupante y el opresor. Los palestinos son los ocupados y los oprimidos.
¿Qué debe negociarse? Israel tiene todas las cartas en su mano. Pueden devolver tierra, bienes, derechos, pero incluso esto es un absurdo -pues ¿qué se hace con lo que queda? ¿Por qué no devolver todas las tierras, todos los bienes y todos los derechos? ¿Por qué tendrían ellos el derecho de conservar nada? ¿Es la apropiación de tierra y bienes antes de 1948 fundamentalmente diferente de la apropiación de tierra y bienes después de la arbitraria fecha de 1967?
¿Cuál es la diferencia entre los colonialistas de antes de 1948 y los que colonizaron y se instalaron en tierras palestinas después de 1967?
Permitan que me corrija: los palestinos tienen una carta en sus manos que hace salivar a Israel -su gran reivindicación en la mesa de negociación que parece contener todas las otras. Israel aspira al reconocimiento de su «derecho a existir».
Pero Israel existe ya, ¿no?
En realidad, lo que Israel teme más que nada es su «deslegitimación». Detrás de las apariencias, existe un Estado construido sobre mitos y narraciones, protegido únicamente por un gigante militar, con miles de millones de dólares de ayuda de Estados Unidos y con el veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. No hay nada más entre este Estado y su desmantelamiento. Sin estas tres cosas, los israelíes no vivirían en una entidad que se ha convertido en «el lugar más peligroso del mundo para los judíos».
Retiren el discurso y el barniz de la propaganda y se darán cuenta rápidamente que Israel no tiene ni las bases de un Estado normal. Después de 64 años no tiene fronteras. Después de seis decenios, no ha estado nunca tan aislado. Después de medio siglo, necesita un ejército gigantesco simplemente para impedir que los palestinos entren a pie a sus casas.
Israel es una experiencia fracasada. Está conectado a una máquina que mantiene sus constantes vitales. Si se desenchufan estos tres tubos del cadáver, sobreviviría únicamente en la mente de algunos extranjeros que se han equivocado gravemente pensando que se lograría el gran robo del siglo.
Lo más importante que podemos hacer frente a la óptica de un solo Estado es desembarazarnos rápidamente del viejo lenguaje. De todas maneras, nada era verdad -no era más que el lenguaje empleado en un «juego» particular.
Desarrollemos un nuevo vocabulario de posibilidades. El nuevo Estado será el nacimiento de una gran reconciliación de la humanidad: musulmanes, cristianos y judíos vivirán juntos en Palestina como lo hicieron anteriormente.
Los detractores pueden irse lejos. Nuestra paciencia disminuye como la tela de las tiendas de campaña en los campos del purgatorio donde viven los palestinos desde hace tres generaciones.
Estos refugiados explotados por todo el mundo tienen derecho a bellos pisos -como esos que tienen alberca en la planta baja y un pequeño jardín de palmeras en la entrada. Porque la indemnización que se les debe por este fracasado experimento occidental será siempre insuficiente.
Y no, nadie odia a los judíos. Este es el argumento de última instancia que les queda y con el cual nos ensordecen -es el último cortafuego para proteger este Frankenstein israelí. No me interesa para nada escribir las habituales frases para probar que no odio a los judíos. Es imposible de comprobar y francamente el argumento no es más que una coartada. Si los judíos que no han vivido el Holocausto sienten todavía el dolor, que se arreglen con los alemanes. Que les exijan una parte importante de tierras en Alemania -y que tengan suerte.
En cuanto a los antisemitas que se les hace la boca agua en cuanto ven un artículo que ataca Israel, que se vayan a tomar viento, ustedes son parte del problema.
Los israelíes que no querrán compartir Palestina como ciudadanos iguales con la población palestina indígena, aquellos que no querrán renunciar a lo que tuvo que renunciar  la población palestina  hace 64 años, que tomen su segundo pasaporte y se vuelvan a sus casas. Los que se queden lo mejor que pueden hacer es adoptar una actitud positiva. Los palestinos han mostrado su capacidad a perdonar. El nivel de la carnicería que han sufrido de la parte de sus opresores -sin respuesta comparable- demuestra un aguante y una fe remarcables.
Será menos la muerte de un Estado judío que la desaparición de los últimos vestigios del colonialismo moderno. Será solamente un ritual de paso, todo irá bien. En este momento particular del siglo XXI, somos todos, universalmente, palestinos, y corregir esta injusticia constituirá una prueba de nuestra humanidad colectiva y nadie tiene el derecho de quedarse con los brazos cruzados.
Israel no tiene derecho a existir. Rompan esta barrera mental y digan: «Israel no tiene derecho a existir». Saboréenlo, hagan un tuit y escríbanlo en su Facebook y hagan todo eso sin pensarlo dos veces. La deslegitimación ya está ahí, no tengan miedo.
Palestina será menos dolorosa de lo que siempre ha sido Israel.
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miércoles, 4 de junio de 2014

MIto y literatura: Eduardo Subirats contra el colonialismo académico







El pasado 22 de mayo del 2014 el filósofo y ensayista Eduardo Subirats presentó en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM su último libro, Mito y Literatura (Siglo XXI, México), análisis de cuatro grandes obras de la literatura latinoamericana: Pedro Páramo de Juan Rulfo (1955), Yo el supremo de Augusto Roa Bastos, Los ríos profundos de José María Arguedas (1958), Macunaíma de Mário de Andrade (1928) y Os Sertões de Euclides da Cunha (1902) con una mirada teórica esclarecida que rechaza la retórica posmodernista y estructuralista para adentrarse en la memoria mitológica de un continente desvastado por sus élites coloniales y sus intelectuales a modo que siguen reproduciendo, en tierra de indios, el canon occidental.

Ejemplo perfecto de este bovarismo éxótico, o el complejo de desapego con el mundo americano que muestra todo descendiente de europeos según acertada definición del chileno Miguel Rojas-Mix, fue la espectacular confesión de uno de los ponentes en la presentación de Mito y Literatura. Excepto Pedro Páramo, no había leído ningún de los otros libros analizados por Subirats. Tampoco sabía de la existencia de la Antropofagia brasileña que junto al muralismo fue la verdadera vanguardia –ni mimética ni clónica- de América Latina.

El logos colonial que se impuso desde 1492 no solo fue guerra, exterminio y expolio. Su esencial encomienda fue la “sustitución de un orden mitológico por un sistema lingüístico, teológico y jurídico elevado a logos universal” (Subirats, 2014, pág. 411). Cambiar el mismo orden del ser para erradicar siquiera la imagen de lo que un día fue. Este proceso de rescate, teoría y análisis del continente vacío culmina, momentáneamente, con esta excelente edición de Siglo XXI Editores.

Razón por la cual pedí al propio Eduardo una copia de su plática de mayo en el salón de usos múltiples de Filosofía y Letras. En esta perspectiva postcolonial que se abre paso en la ciudad letrada de América Latina, la obra de Eduardo Subirats cuestiona de raíz “el formalismo estructualista, el racionalismo positivista y empírico-crítico” que mantiene, en esencia, la herencia misionera del imperio español. Puede que esta sea la razón que sus textos provoquen generalmente al cuerpo académico de todas las ciudadelas que un día construyó su católica majestad.

Y aunque provocar es un verbo ambiguo –bueno para provocar ganas de bailar con este profesor de la New York University o ganas de linchar a tan peligroso iconoclasta- lo cierto es que los caminos de Subirats no coinciden con las convenciones del poder intelectual. Le costó (casi) su exilio español y diría yo que solo su impresionante currículum, su papel en la academia estadounidense y la vieja y subterránea rebeldía de cierta academia latinoamericana contra sus patrones-colonizadores explica el hecho que su presencia sea cosa habitual en México. Se agradece porque me recuerda que se sigue pensando más libremente en esta orilla del Atlántico que en la Madre Patria donde incluso tener una república es una quimera prohibida por el poder.


PRESENTACIÓN DE MITO Y LITERATURA / EDUARDO SUBIRATS






Amigas y amigos,

He venido a presentar tres libros – Mito y literatura, Deconstrucciones hispánicas y Filosofía y tiempo final –. Permítanme unas palabras de justificación.

Deconstrucciones hispánicas[1] es una colección de conferencias sobre un tema que he tratado sucesivas veces, en particular en mi libro Memoria y exilio: la prolongada decadencia del nacional-catolicismo español, desde el siglo dieciséis hasta nuestros días.[2] Al mismo tiempo, denuncia el vacío político e intelectual de la conciencia europea contemporánea en la que se enmarca el actual colapso de la monarquía borbónica. Pero es también un libro que formula un programa afirmativo en torno a un renovado concepto de esclarecimiento.

El segundo libro, Filosofía y tiempo final, es una miscelánea de ensayos publicados desde mis años de estudiante en Berlín hasta el día de hoy.[3] Es una antología que no tiene otro propósito que citar los pasajes de un aprendizaje intelectual a lo largo de una serie de hitos de la conciencia moderna: la teología y las filosofías de la colonización americana, la ausencia de una tradición esclarecida en el mundo hispánico, la crisis de la conciencia europea en el romanticismo, la estética de la modernidad o la truncada función del intelectual en las sociedades contemporáneas, y un epílogo sobre la deriva del pensamiento filosófico en el mundo actual (que ha sido suprimido en esta edición por razones técnicas). Lo repito: la única virtud de estos ensayos consiste en describir un aprendizaje individual desde una situación geopolítica marginal, la ibérica e iberoamericana, con respecto a los centros productores de pensamiento global; y un aprendizaje desde una posición intelectual distante con respecto al establishment anti-intelectual español y al hispanismo norteamericano.
  
Pero quiero dedicar esta presentación fundamentalmente a Mito y literatura.[4] Cuatro razones: es mi último libro, traza una alternativa a la comercialización y trivialización de la literatura contemporánea, pone de manifiesto la ausencia de una teoría literaria y, no en último lugar, plantea una renovadora reflexión poética, lingüística y metodológica en torno a las literaturas y las culturas de América latina.   

*

Desde un punto de vista personal este libro es la expresión de un deseo de penetrar en las almas latinoamericanas representadas por cinco obras literarias maestras del siglo veinte: Macunaíma, Los ríos profundos, Pedro Páramo, Grande sertão: veredas y Yo, el Supremo. Esto quiere decir que reconstruyo hermenéuticamente estas novelas como un viaje de conocimiento y transformación a través de universos mitológicos, culturales, políticos y poéticos las más veces ignorados bajo las clasificaciones académicas de realismo mágico y literatura fantástica, o las etiquetas comerciales de literatura de ficción.

Pero subrayo también esta aproximación “personal” a la literatura, en abierta polémica a su fragmentación y formalización académicas, como el único camino que permite elevar los significados de la obra de arte a sus momentos ontológica y psicológicamente más profundos. Este es el punto de vista de una teoría literaria que no acepta su departamentalización y fragmentación corporativas, su subsiguiente achatamiento a textos e intertextualidades, y su formalización estilística o gramatical. Mi análisis comprende, por el contrario, la reflexión antropológica, histórica, estética, política y, no en último lugar, metafísica a partir de la obra de literaria.

Esta definición filosófica de teoría tiene otra consecuencia. Realza un concepto activo de lector, en lugar del consumidor espiritualmente paralítico que imponen los controles académicos y la trivialización comercial de la literatura como ficción. Al mismo tiempo, destaca el carácter individual y único de la creación artística y sus dimensiones al mismo tiempo subjetivas y políticas, que la corporación académica suplanta por sujetos lingüísticos, psicológica e históricamente vacíos, y un creative writing oportunísticamente bagatelizado.

El ejemplo de una novela que todos ustedes conocen, Pedro Páramo, puede ser ilustrativo. Bajo su forma lingüística y su estructura narrativa he puesto al descubierto el vínculo emocional de las mujeres de Comala con las diosas y los dioses mesoamericanos antiguos, vivos en las memorias populares e indígenas, por más que acosados y reprimidos por la teología colonial cristiana. Al mismo tiempo, he mostrado la estructura racional que vincula la función culpabilizadora representada por el sacerdote Rentería con la lógica del expolio, la violación y la muerte que distingue el caciquismo mexicano. En tercer lugar, he desentrañado en el personaje de Susana Sanjuán, la verdadera protagonista de la novela de Juan Rulfo, la epifanía de una diosa mesoamericana, una síntesis de Coatlicue y Xochiquetzal. Susana es una diosa del amor erótico, y de la vida y la muerte, por mucho que el sujeto colonial y poscolonial, patrocinado por el personaje de Pedro Páramo, no sea capaz de ver en ella más que una pura Virgen de Guadalupe.

Bajo la fascinación religiosa que despiertan las sometidas diosas de Comala, y del dolor que generan los cuadros de opresión católica y machista a lo largo de esta novela, señalo una estructura profunda, a la vez psicológica, política y mitológica, frente a la que las semiologías estructuralistas y postestructuralistas son programada y programáticamente ciegas. Pongo de manifiesto la interrelación entre una memoria religiosa y mitológica precolonial reprimida, la retórica de la culpa originaria y su redención eclesiástica como principio sacramental y corrupto del poder teológico y político. Por último subrayo la fundamental importancia metodológica de los escamoteados vínculos extratextuales con la realidad social y política, sin las que es imposible la comprensión de toda obra literaria.

Se lo puede llamar una hermenéutica mito-poética. La poesía poética y la poética como creatividad remontan necesariamente a las memorias simbólicas y mitológicas de las palabras. Desde el punto de vista de esta memoria mitopoética, por ejemplo, el inframundo de Comala es el Tlalocan mesoamericano. Y toda la novela de Pedro Páramo puede reconstruirse a partir del choque irreconciliable entre el inframundo azteca y mesoamericano y el infierno de la mitología cristiana.

Pero el método de análisis literario que expongo en Mito y literatura no solamente entraña una hermenéutica mito-poética. Tengo que señalar también la función esclarecedora en un sentido tanto estético como político que necesariamente atraviesa el análisis de estas novelas. Su reconstrucción es esclarecedora por el simple hecho de confrontar las lógicas y teologías de su hibridación, desarticulación y disolución. Es esclarecedora allí donde revela el choque violento del orden mitológico del mundo con el verbo y logos de un poder teológico, científico y político enajenante. Es esclarecedora en la medida en que pone de manifiesto la complicidad de la escolástica estructuralista con este mismo proceso de desmantelamiento colonizador de las memorias. Y es esclarecedora, en el caso que aquí he elegido como ejemplo, es decir Pedro Páramo, porque confronta la hibridación católica y la disolución las memorias mitológicas de Comala bajo el despojo caciquil, la culpa y subjetivación eclesiásticas, y las diversas figuras de violencia que recorren la historia de Latinoamérica hasta el día de hoy.

Existe todavía un tercer aspecto de este método y teoría mitopoéticos que también tengo que subrayar: su dimensión estética. Una estética entendida como teoría de la experiencia a la vez sensible y metafísica de las cosas. Y entendida como una teoría de los momentos misteriosos y mistéricos inherentes a las novelas que analizo en este libro y que, en Pedro Páramo en particular, cristalizan bajo la figura del incesto sagrado de Juan Preciado con la Tierra caliente y húmeda en el Tlalocan de Comala.

Este momento mistérico y metafísico plantea necesariamente un concepto prohibido por la antiestética de la avant-garde: el concepto de belleza. En las novelas que analizo en Mito y literatura esta experiencia a la vez estética y mitológica de belleza se representa como una perfección intrínseca de la naturaleza y el cosmos, y una unidad no dualista de sus fuerzas generatrices y conflictivas del ser y el no-ser, y de la vida y la muerte. Aquella misma síntesis que encontramos en la pareja Xochiquetzal-Coatlicue encarnada en el personaje de Susana Sanjuán de Pedro Páramo.

*

A esta mirada mitológica, psicológica y política sobre las poéticas latinoamericanas modernas le precede una historia que aquí no puedo dejar de mencionar. Lo que antecede a Mito y literatura es El continente vacío.[5] Este libro lo escribí mientras mis ex-compatriotas españoles se entregaban a la celebración de la ilusoria grandeza nacional de su cruzada imperialista de ultramar, que destruyó íntegramente las culturas de América. Me refiero al Quinto Centenario, bajo cuya propaganda se liquidó la edición española de El continente vacío. La razón del acoso institucional a esta obra fue su tesis principal: la crítica de la teología política de la colonización; una crítica de la teología política representada por San Pablo y Las Casas.

Pero la conclusión afirmativa de El continente vacío no es menos importante que su crítica de la teología política del colonialismo. Esta conclusión se articula en torno a la deslumbrante, aunque ignorada, figura intelectual del humanista Garcilaso el Inca. Y subraya su proximidad con respecto al filósofo sefardí Leone Ebreo, de quien tradujo al hispanoamericano su obra Dialoghi de amore. En El continente vacío cierro mi análisis del proceso colonial con una observación sobre la teoría estética de Garcilaso que se desprende de este dialogo intelectual que protagonizó entre el universo espiritual sefardí y la cosmología inca.

Resumiré esta conclusión estética en dos palabras: La aproximación literaria y filosófica a la memoria mitológica de las Américas es el fundamento necesario de toda poética postcolonial. Y quiero subrayar que este diálogo literario y filosófico con las religiones, las cosmogonías y los mitos originales de América posee una tradición paralela en el humanismo esclarecido europeo representado por Bruno o Spinoza en el contexto del humanismo europeo, o por Erich Neumann o Karl Kerenyi en el humanismo del siglo veinte. Y que es una tradición que ha sido enterrada bajo la militancia antihumanista, antiestética y reaccionaria del estructuralismo y sus escoliastas.

*

Quiero terminar con una importante observación histórica. Mito y literatura parte del Movimento Antropofago de São Paulo, liderado por Oswald de Andrade, Tarsila do Amaral y Mário de Andrade, como origen de la modernidad latinoamericana del siglo veinte en las artes y la arquitectura, lo mismo que en la literatura y la música. Este origen no hay que buscarlo en los programas de Marinetti, ni en el cubismo de Lèger o la arquitectura de Le Corbusier, ni en las novelas de Faulkner, ni mucho menos en los sucesivos international styles dictados por el MoMA de New York a lo largo de la Guerra fría. El Manifesto Antropófago es el acta de nacimiento de la modernidad latinoamericana en todo lo más positivo y profundo que este concepto pueda encerrar: su memoria mitológica, su crítica del colonialismo y su libertad de cuerpo y alma. Eso explica también su marginación y silenciamiento por parte de los dictados museográficos y latinoamericanistas norteamericanos desde 1945.

Quiero resumir esa estética y política latinoamericanas de la Antropofagia brasileira bajo tres principios elementales: la defensa de un origen religioso de América latina a partir de los mitos indígenas y los ritos africanos; la exaltación estética y política de un orden civilizatorio matriarcal y una relación armónica de la civilización moderna y la naturaleza; y tercero, la constitución de una sociedad democrática, solidaria y políticamente soberana, frente a las pretensiones coloniales sobre América latina del imperialismo europeo y norteamericano.

*

No puedo despedirme sin expresar mi gratitud hacia todos los profesores y estudiantes que en Guanajuato o Cali, en São Paulo y Puebla, o en Lima y Bogotá, así como en la Ciudad de México han acompañado el proceso de creación de Mito y literatura. Ni puedo dejar de agradecer al Dr. Jaime Labastida por la impecable edición de este libro. Ni a Arturo Aguirre y Antonio Duran por su edición de Deconstrucciones hispánicas y Filosofía y tiempo final.
          
Eduardo Subirats
Ciudad de México, 22 de Mayo de 2014






[1] Deconstrucciones hispánicas (Puebla: EDAF, 2014)
[2] Memoria y exilio (Madrid: Losada, 2003). Una versión corregida y notablemente aumentada de esta obra está por publicar.
[3] Filosofía y tiempo final (L. Estudillo ed.) (Puebla: Afinita Editorial, 2014)
[4] Mito y literatura (México: Siglo XXI, 2014).
[5] El continente vacío. La conquista del Nuevo Mundo y la conciencia moderna (Madrid: Anaya & Mario Muchnik), 525 pp.; (México: Siglo XXI), 379 pp. (Tercera edición aumentada: Universidad de Cartagena; Universidad de Cali, 2011), 480 pp.
 

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