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miércoles, 6 de febrero de 2013

Rajoy se va: ¿Quién será el Monti español?

¿Qué sucede cuando El País, El Mundo y ABC ventilan al alimón el mayor escándalo del Partido Popular? Un lúcido texto del presidente de Attac Andalucía, Carlos Martínez, afirma que la alta burguesía quiere que Rajoy se vaya para acelerar los recortes vía un gobierno de concentración al estilo Monti. Los papeles Bárcenas serán la espoleta de este plan. No demasiado oculto.


 

 

No parece esta presunción pura teorías conspirativa sino más bien sentido común. Allá donde no hay una fuerza de izquierda capaz de cambiar los factores de poder real, como Syriza en Grecia, se impone la vía del protectorado económico. O la llamada solución Monti que duró mientras el juego de la simulación y el encubrimiento del golpe de estado fáctico fue respetado por todos los partidos. El tecnócrata de Goldman Sachs fue promovido como el santo laico que redimiria Italia de la corrupción mientras aplicaba la dosis justa de recortes y si Berlusconi no rompe el silencio allí seguiría. Puede que vuelva al poder pero ya no será con aires de santurrón llegado del Olimpo de las finanzas.


Y pese a las evidencias millones de italianos se creyeron su papel de austero, modesto y hogareño ejecutor ante el venial y maléfico Silvio. Aquello que los grandes medios hicieron para convertir aquel banquero en salvador de Italia podría  repetirse, y pronto, en España.


Por más remarcables que sean las inquisiciones judiciales -caso Nóos p. ej-  contra la colusión público-privada, el estallido mediático del caso Bárcenas se ha convertido, para la prensa corporativa española, en el acicate para dar otra vuelta de tuerca al infierno español. ¿Exageramos demasiado?


 

 

[caption id="attachment_578" align="aligncenter" width="489"]Rajoy acorralado Rajoy acorralado: ¿Lo abandonan los poderes fácticos?[/caption]

 

 

Carlos Martínez, presidente de Attac Andalucía y miembro de Socialismo21, mantiene la misma idea y por ello publicamos su texto pero lo mismo dice el diario de referencia de las clases dirigentes del eje occidental: The Wall Street Journal.


Andy Robinson recogía en su blog de La Vanguardia el diktat que cayó sobre Rajoy el Breve:


 

 
El Wall Street Journal advierte hoy: “Si sigue el malestar por las acusaciones, podría restringir la capacidad del gobierno para llevar a cabo más medidas de austeridad (..) y esto puede inquietar a los inversores”. Con advertencias como ésta , la “conspiracion” vuelve a cruzar fronterasy el cambio de sentimiento en los  mercados ya está en marcha.

 
'"Dieu lo volti"'  se decía en la primera cruzada contra el turco (1096-1099). La orden ha sido dada. Rajoy caerá. Lo que viene será aún mucho peor. ¡Wall Street lo quiere! Y no es broma.

Por eso conviene leer muy atentamente lo que Carlos Martínez escribía el domingo 3 de febrero.
 

Algo muy grave está pasando / Carlos Martinez.


 

 
Advierto, los movimientos en la prensa de Madrid y las esferas del poder central de estos últimos días aún habiendo conseguido algo muy positivo como es la reacción de muchísimas personas, bien de forma activa echándose a la calle de numerosas ciudades del estado español exigiendo la dimisión de este Gobierno corrupto o firmando escritos de dimisión, e incluso manifestando su malestar en encuestas, demoledoras para con Rajoy y sus amigos, tienen en su origen una carta guardada en la bocamanga. Es muy bueno que salgamos a la calle diciendo que chorizos fuera y que esta crisis es una estafa, pero también que sepamos que se cuece en las esferas gatopardianas del poder real. De los que más allá de partidos manejan el estado. Debemos intuirlo, para actuar en consecuencia.

Los papeles Barcenas, los sacan al alimón “El Mundo” y “El País” es decir un sector del PP y un sector muy poderoso del PSOE. Puede parecer evidente que tras estos medios hay poderosos intereses tanto económicos como políticos y que medios empresariales tan influyentes, deben tener serios indicios para arriesgarse a sacar a la luz estas noticias. No son jueces, pero están muy informados y eso es evidente y palmario.
 

[caption id="attachment_576" align="aligncenter" width="457"]Captura de pantalla 2013-02-05 a la(s) 22.59.00 ¿Quién será el Monti español?[/caption]

 
Algo hay detrás. En una Asociación de izquierdas, muy seria y respetada en esta opción ideológica, hace algunos meses ya, recibimos información muy solvente, acerca de una golpe de salón que se preparaba contra Rajoy, sí, contra Rajoy, pues un sector muy importante del poder entendía que le faltaba fuerza y liderazgo para acometer una crisis que compromete seriamente los intereses de las oligarquías, del establishment madrileño que acumula el poder. Los oligarcas desean más contundencia, más “reformas” y una concentración mayor de poder.

Se sabe además que el régimen ha perdido toda la confianza popular y los partidos del sistema ya no solo no son de fiar  sino que están bajo mínimos  La monarquía su otro bastión de poder, ha perdido confianza y las personas comienzan a percibir su inutilidad, así como sus claros síntomas de “debilidades económicas”. Cuando todo se derrumba urgen soluciones rápidas y no siempre ortodoxas.

El poder financiero hace tiempo que exige un gobierno de concentración y/o una gran coalición PP-PSOE- Derechas Nacionalistas, que salvaguarde los intereses de la oligarquía que nos domina. También del entramado político-económico del régimen del 78 incluidos los beneficios adicionales que este produce. El hundimiento en las encuestas del PP y del PSOE, indican que unas elecciones generales anticipadas tampoco pueden ser la solución, luego mucho ojo y atentos. Pues a pesar del recambio UPyD de la derecha, las cosas no están claras. Si a esto le sumamos el problema catalán y el vasco que ya se vuelve a otear, todo esta servido. Pero lo que más les asusta es la reacción social, el imprescindible por nuestro bien, -el de paradas y parados, pensionistas, jóvenes y clases trabajadoras- estallido social, que también, no solo ya se intuye, sino que cada vez de forma inexorable se aproxima más. Luego un golpe de timón conservador, un golpe neoliberal, están en el horizonte.

La reacción popular y las manifestaciones, no solo son la respuesta lógica, sino hay que incrementarlas y seguir con ellas y con las huelgas obreras en la limpieza, servicios públicos y los transportes. Pero necesitamos con urgencia un Frente Amplio del pueblo trabajador, apoyado por la Cumbre Social que se enfrente con éxito a esta operación que todo parece indicar que se está fraguando.

No hay tiempo. No es momento de echarse nada en cara, ni de ajustar cuentas. Es eso sí, un tiempo en el que hay que actuar a la vez con responsabilidad y valentía y conformar sin pérdida de tiempo una Coalición Social y de las izquierdas y los y las antineoliberales.

Llevo tiempo diciéndolo y machacándolo. Tanto Socialismo21 como Construyendo la Izquierda, entre otras fuerzas lo están exigiendo y poniendo encima de la mesa a todas y todos los que nos quieran escuchar. También hace tiempo se lo propongo directa o indirectamente a Attac España y otros movimientos sociales y la verdad me gustaría estar equivocado, pero…

IU no puede pensar que un 15% si es que se diera efectivamente, en un panorama de elecciones anticipadas es la panacea. La intención de voto total, es de un 53% según la encuesta de Metroscopia del 3/2/013, es decir que muchas personas tanto hartas como manipuladas se van a quedar en casa. La derecha solo desea que la izquierda sociológica y social se quede en casa para volver a mandar y a la postre ya saldrá UDyD para hacerles el apaño. Eso o hacerle el avío al PSOE. Por eso es tan necesario el frente amplio de las izquierdas y la indignación. Los socialistas, que no socioliberales o simples liberales emboscados en el PSOE, sabremos como actuar. Sabremos cual es nuestro lugar.

Hoy domingo 3 de febrero, Rubalcaba ha pedido la dimisión de Rajoy, para nombrar a “otro presidente” que pueda pilotar este barco a la deriva, pero no ha pedido elecciones anticipadas -era lo lógico tras pedir la dimisión del líder del PP- ni ha anunciado por ahora una moción de censura. A mi me ha chirriado, no se si a ustedes también.

No hay tiempo ya. La respuesta antineoliberal no puede tardar. Rajoy, debe dimitir, claro. Pero no solo por hacer algo que ya sabíamos que se hacía entre la derecha y otros liberales y era moneda común el partido de las derechas, sino por estar empobreciendo las clases populares del Estado, para enriquecer a ricos y poderosos y vender nuestra dignidad y la independencia del estado español.

Carlos Martínez




 

 

Sobre aviso no hay engaño. El gatopardismo mediático servirá para poner en La Moncloa a un ejecutor nato estilo Monti avalado por los principales partidos y convertido en caudillo de los recortes que salvarán a España. La falsa primavera del periodismo hipócrita será, y muy pronto, el invierno fatal para millones de españoles.


¿Para cuando algo más que rabia y desesperación?

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martes, 5 de febrero de 2013

Todos contra la partidocracia: ¿llega el nuevo fascismo?

El estallido de la corrupción política en España, cuyo paradigma es el caso Bárcenas, ha desatado una furia popular conta la partidocracia y los políticos. Discurso facilón y reduccionista que en un ambiente de descontento sin metas podría ser la gasolina de un nuevo fascismo. O la receta ideal para tiempos desesperados. Lo cuenta Daniel Bernabé en GRUNDMagazine. Y lo llama Fascismo de Sitcom.


 

Fascismo de sitcom / Daniel Bernabé.


 
Muchos análisis caracterizan esta crisis no sólo como una crisis económica, sino también de régimen. Una crisis que debido al impacto que está teniendo en la vida cotidiana de muchas personas hace que estas se empiecen a plantear todos los ámbitos que conforman este modelo social: la organización económica, la estructura política, el carácter de la democracia, e incluso todo el andamiaje cultural o de valores. Esto es cierto, pero sólo a medias.

Es cierto en cuanto a que esta crisis revela la verdadera naturaleza del capitalismo decadente y ruinoso de principios de Siglo XXI, un sistema incapaz de desarrollar ninguno de sus factores productivos, abandonado a la ruleta especulativa que enriquece enormemente a unos pocos y condena a la miseria al resto.

Pero este análisis de crisis como fin de régimen no es cierto en cuanto a que aún la mayoría de la población no lo percibe como tal. Han hecho falta cinco años para que el descontento empiece a aflorar, un descontento con una naturaleza parcial y estanca. Un día abren el telediario unos señores estafados por las preferentes; otro día unas señoras enfadadas porque les cierran el ambulatorio de su pueblo; unos obreros despedidos por esa estafa llamada ERE para al minuto siguiente ver como cubren sus puestos con trabajadores precarios. Los ejemplos son cientos y reflejan el ambiente de enfado y descontento, pero sobre todo de desorientación, algo así como una pesadilla que, aunque cerremos los ojos muy fuerte, no desaparece al abrirlos. El descrédito de la izquierda reformista (la que acepta el capitalismo como sistema menos malo); la incapacidad de la izquierda transformadora para adaptar su análisis y acción a la fragmentación de la clase obrera; y sobre todo, un tenaz y refinado sistema de control ideológico que hizo olvidar a los trabajadores quién son ellos y quién su enemigo; explican esta situación por la que el enfado no se transforma en ideología liberadora, por la que no se establecen relaciones entre las causas y los efectos y todos los problemas permanecen fraccionados sin encontrar complicidades.

Sin embargo hay una idea que sí ha tenido un éxito completo en este entorno (se ha asumido como propia y se replica constantemente a sí misma). La idea de la clase/casta política. Esta idea básicamente opone esa abstracción llamada ciudadanía frente a los políticos. Viene a decir que los políticos son los culpables máximos de la situación, que sus intereses propios son los que nos han llevado a donde estamos.

Que esta idea haya tenido tanto éxito tiene diversas explicaciones. La primera de ellas es el bajo nivel político general de este país y la cobardía inmensa -arrastrada como una rémora desde el franquismo- de hablar de política en público. Es una idea de fácil aceptación en la barra del bar; bravata que no nos compromete con nadie y nos hace parecer gente preocupada por la situación que nos rodea. No hace tanto, quien se atrevía a hablar en público de política desde unas posiciones de izquierda que no tragaba con aquella gran estafa del milagro económico español (ese ladrillazo en el que usted, querido lector, fue víctima propiciatoria) era tratado como poco con extrañeza, cuando no con hostilidad.

La segunda causa del éxito de esta idea es que ha sido replicada desde la ultraderecha populista (donde nace, busquen el libro que acaudilla el término) hasta por sectores del 15M, sobre todo en aquel primer momento -el más masivo- donde lo que parecía importar, más que la pedagogía política de explicar por qué estamos en este desatre, era crear una catarsis que diera salida al descontento para que no fuera una amenza real para el sistema. Es decir, el constructo casta política se ve apadrinado por campos aparentemente antagónicos, lo que le da una imagen de globalidad para la sociedad que lo adopta.

El tercer elemento que explica el éxito de esta falacia es en apariencia el más obvio: el carácter profundamente inútil, corrupto y procaz de la mayoría de políticos nacionales, autonómicos y municipales. La crisis ha servido como desmaquillador para esos cargos públicos electos que decían preocuparse por los “currantes”, esos hombres llanos que un día ponían los pies encima de la mesa de la Casa Blanca y al siguiente echaban una partidita de dominó con cualquier paisano.

Los que nos oponemos frontalmente al término de casta política, no lo hacemos porque defendamos a Bárcenas o a Rato, sino porque sabemos que esta idea es inútil, en cuanto a lo que pretende criticar, e interesada, ya que oculta a los verdaderos responsables de la crisis.

El concepto de clase política es una de esas ideas impuestas que, sin tener base real, han tomado la realidad misma. Una clase es un grupo social que tiene unos intereses propios en base a su relación con el sistema económico. Esa clase puede mutar, tener subdivisiones, adoptar otras formas, pero siempre que mantenga los intereses y la relación, seguirá existiendo. Y los políticos no son todos iguales, ni tienen intereses propios, ni tienen una relación directa con el sistema productivo. La primera idea nos va quedando clara, ¿verdad? Los políticos no son una clase social en sí misma.

 

 

[caption id="attachment_569" align="aligncenter" width="506"]Hablando claro en Facebook Un resumen del tema en cartel de Facebook.[/caption]

 

 

“Hoy, el poder público viene a ser, pura y simplemente, el consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa” decian Marx y Engels en el Manifiesto Comunista escrito en 1848. Como ven lo que ocurre no es nuevo. Esta es la idea principal. No existe clase política, lo que existe es una mayoría de políticos y una mayoría de partidos que pretenden legitimar un sistema económico injusto y voraz con algún tipo de sistema electoral y parlamentario. Que legislan no de acuerdo a sus intereses (y por supuesto no de acuerdo a los intereses que dicen defender) sino a los intereses de sus jefes: los grandes empresarios y los banqueros, fundamentalmente.

De aquí podemos extraer decenas de análisis concretos. Por ejemplo, en la tan de moda corrupción. Si se fijan, desde los grandes medios se insiste en el carácter individual del asunto, en la manzana podrida, en el malvado metido a político. Nada más lejos de la realidad. La corrupción bajo el capitalismo es sistémica, es decir, es el capitalismo quien necesita a la corrupción para funcionar. ¿O para qué creen que sirve el dinero de los sobres? Para obtener jugosos contratos públicos, leyes favorables, tratos de favor. Bien es cierto que existen paises donde la corrupción es más sibilina, donde el poder sabe lo importante que es mantener su apariencia de legalidad para conservar la legitimidad a ojos de la gente. O paises donde directamente la corrupción se ejerce de forma legal mediante la forma de lobbys de presión o financiación de candidatos presidenciales.

De ahí la inutilidad del movimiento ciudadanista o de profundización democrática cuando sólo se queda en aspectos técnicos (sistema electoral, democracia directa, asamblearismo, sin duda importantes) y rehuye la crítica global del sistema económico-político. Las desigualdades no surgen de las decisiones políticas, sino que determinados políticos son los ejecutores de las necesidades del poder económico. Así, por ejemplo, la privatización de la sanidad no es un capricho de Güemes, sino que este ejerce de mamporrero -de pelo absurdamente frondoso y brillante- para los inversores que posiblemente apostaron por él. Esto tiene su efecto en las protestas: si nos fijamos se rodea el congreso pero no la sede de la CEOE o de Goldman Sachs. ¿Ignorancia o desvío de la atención?. Algunas veces parece que seguimos teniendo ese carácter infantil que nos hacía gritar al lobo del guiñol, cuando la verdad es que detrás del lobo había una mano que lo manejaba.

Por otro lado, esto de la casta política, en un momento de crisis, sirve para que opciones políticas con tradición de combatividad y postulados actuales anticapitalistas no crezcan, o al menos no lo hagan lo suficiente. Porque sí, porque todos los políticos no son iguales. Porque decir que Montoro y Alberto Garzón son lo mismo es una canallada política; porque decir que las CUP y CIU son lo mismo es grotesco; porque meter en el mismo saco a Tania Sánchez Melero y Ana Botella es terrorismo intelectual. Y la cuestión, no es siquiera las personas individuales -aquí es como en la corrupción pero justo a la inversa- es entender que hay organizaciones políticas que responden a unos intereses diferentes de los del poder económico. Es comprobar cómo la dialectica entre los trabajadores y sus organizaciones se demuestra cierta, y cuanto más avanza el combate, la protesta y la manifestación social, más espacio hay para alternativas políticas que respondan a ese movimiento. Podríamos decir que mientras que las organizaciones de izquierda son máquinas (mejor o peor engrasadas, ese es otro tema) para la lucha política de los que menos tienen, de los de abajo, de los trabajadores, los partidos de derecha son cáscaras huecas sustituibles según sea oportuno (Francia es un buen ejemplo de esto).

Lo fundamental es entender, por nuestros intereses, que no se trata de clase política y ciudadanos, se trata de diferentes clases de políticos y diferentes clases de ciudadanos; ciudadanos con intereses contrapuestos: unos tienen el poder económico y otros la fuerza de trabajo; unos la necesidad de explotar a los otros para mantener sus niveles de vida escandalosos y otros de librarse de esa explotación para tomar las riendas de sus vidas.

Llegados a este punto deberíamos hacernos la siguiente pregunta: ¿lo de la casta política es producto de la confusa situación de indignación o hay algo más detrás?

Partiendo de la base de, como he dicho antes, que el nacimiento del término tiene lugar en esas sacristías de la reacción que son los medios ultraderechistas, y que sus voceros no tienen reparo en hacer uso del término una y otra vez, deberíamos empezar a sospechar lo peor. Y no sólo en el sentido del interés de alimentar la confusión que evite que la izquierda transformadora crezca.

(...)

Cuando las cosas empiezan a ir mal para el cascarón vacío que utiliza el poder para llevar a cabo sus propósitos, ya tenemos el caldo de cultivo para que nos impongan una tecnocracia desde la Troika; o remozar al PP al modo (aún más) ultra (o en serio piensan que Pedro J., uno de los personajes más oscuros y dañinos de este país, ha destapado lo de Bárcenas por su espíritu democrático…); o bien apostar por una tercera opción comodín como puede ser UPyD.

¿Qué es UPyD sino un cascarón vació donde cabe todo? UPyD puede ser el recambio del PSOE si este se acaba de desplomar definitivamente, UPyD puede ser el recambio del Partido Popular si es imposible mantenerlo por el desgaste de la crisis o la escandalosa financiación ilegal. O incluso UPyD puede ser ese fascismo de rostro amable con actor cabeza-hueca pero atractivo para el público, que diga esa frase de: “En este país lo que hace falta es mano dura y orden” aprovechando las contradicciones con la burguesía de derechas nacionalista del PNV o CIU. Nunca se fíen del “no somos de derechas ni de izquierdas”, los fascismos empezaron igual.

El fascismo no es otra cosa que la respuesta desesperada de la burguesía ante la posible revolución. Esto es, antes de perder sus privilegios prefieren otorgar el poder a esa alternativa populista que les despega de la culpa y que instaura el sistema de la dialéctica de las pistolas. O dicho de otra forma, la democracia que vivimos, esa que otorga el voto al vagabundo que se muere de hambre, les vale mientras que salgan los partidos que defienden sus intereses; cuando ven peligrar su modo de vida, no tienen ningún pudor en financiar otra opción que les permita seguir conservando su riqueza aunque sea en base a cargarse su legitimidad -y la libertad y la vida de muchos-.

¿Exageración? Miren a Grecia y su Amanecer Dorado y la connivencia con el PP griego, la policía y el ejército. Ya buscaremos luego la cabeza de turco para justificar las medidas “excepcionales”: los inmigrantes, el paro, algún “estado terrorista” de la orilla sur del Mediterráneo… Lo que sea. Que nadie se espere un general de bigote afilado y mirada torva: el fascismo del siglo XXI será un fascismo con rostro de sitcom.

A mí me parece estupendo dar caña al bipartidismo, principal mediador político de la situación de herrumbre de este país; o al sistema institucional, un mero aparato para salvaguardar los intereses de clase de la burguesía. Me parece genial destapar de una vez por todas esa mentira llamada “ejemplar” Transición, donde unos lo cedieron todo y otros casi nada. Pero me parece estupendo siempre que esta crítica -despiadada si es necesario- vaya unida indefectiblemente al sistema económico del que surge toda la desigualdad criminal: el capitalismo.

Lo otro, lo de la casta política, al final vale para leer aberraciones tan grandes como proponer como salida a esta situación “Una Constitución cuya redacción sea tutelada, si es necesario, por juristas constitucionalistas de los EE. UU. y la Unión Europea. Si no sabemos hacerlo mejor, pidamos ayuda a aquellos que sí saben” (Cristian Campos, El Virus se extiende, Jot Down) y que decenas de miles de lectores lo aplaudan enfervorecidos, sin darse cuenta de que precisamente esa es ya la situación actual: nuestra soberanía económica es dictada a manu militari por la mafia financiera internacional, y su representación institucional, llamada Troika.

Nunca me he fiado de los advenedizos, ni de la gente que se da golpes en el pecho con el palillo en la boca, ni de los que dicen “verdades como puños”. Y lo de la casta política es eso, alimento putrefacto envenenado por el apoliticismo.

Lo único que nos queda, en un momento tan jodido como este, es el análisis, la ideología, la organización. El espíritu sumamente crítico incluso con lo que parezca indignación, porque quizá, precisamente por ahí, es por donde intentarán colarnos a los nuevos camisas pardas.

Daniel Bernabé



Para aplausos, silbidos y comentarios anexos, este es su twitter:  @diasasaigonados
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