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| Mesianismo, xenofobia y racismo: los fundamentos del estado colonial israelí. |
miércoles, 13 de agosto de 2014
¿Y si Israel no tuviera "derecho a existir"? Reflexiones de Sharmine Narwani
Publicado por Unknown en miércoles, agosto 13, 2014
El 4 de agosto del 2014, en plena masacre de palestinos, la analista política Sharmine Narwani publicó en Le Gran Soir un artículo que más allá de la recurrente masacre en Gaza resume
el motor histórico de esta injusticia sin fin: un estado colonial y
racista que no debería existir. Esta perspectiva rompe con los
paradigmas mediáticos vigentes según los cuales es posible criticar los
crímenes de Israel si no se cuestiona su legitimidad como país normal en
el concierto internacional. A veces, ciertos textos actúan como
parteaguas. Rompen con la carga de terror que impide llamar a las cosas
por su nombre. Este es un buen ejemplo de ello. La traducción es
cortesía de Boltxe Kolektiboa aunque se añadieron correcciones propias.
La expresión «derecho a existir» entró en mi conciencia en los años 1990, así como el concepto de una solución de los dos Estados
entró en el vocabulario colectivo. En cada debate en la universidad,
cuando un sionista se quedaba sin argumentos invocaban estas tres
palabras mágicas para interrumpir la conversación con un indignado
«¿estáis diciendo que Israel no tiene derecho a existir?».
Está claro, no puedes cuestionar el derecho de Israel a existir
-sería como negar el derecho fundamental de los judíos a tener…
derechos, y toda la culpabilidad del Holocausto será lanzada contra ti.
Salvo
que yo no tengo nada que ver con el Holocausto -y los palestinos
tampoco. El programa europeo de metódica limpieza étnica contra su
población judía fue empleado, de manera totalmente cínica y oportunista,
para justificar la limpieza étnica de la nación árabe
palestina, asunto que me deja del todo indiferente. Ya estoy demasiado
cansada de levantar los ojos al cielo cada vez que oigo en la misma
frase las palabras Holocausto e Israel.
Lo que me trastorna en esta era posterior a la «solución de dos Estados», es la audacia misma de la existencia de Israel.
Qué
idea tan fantástica, esta noción que un grupo de extranjeros de otro
continente pueda apropiarse de una nación existente y habitada y
convencer a la «comunidad internacional» que esto es justamente lo que
debía hacerse. Podría reírme de tanto descaro si no fuera algo tan
grave.
Más
grave es la limpieza étnica masiva de la población palestina indígena
llevada a cabo por los judíos perseguidos, apenas repuestos de su propia
experiencia de limpieza étnica.
Pero
lo más terrible es la manipulación psicológica de las masas al creer
que los palestinos son peligrosos «terroristas» determinados a «echar a
los judíos al mar». Yo trabajo con las palabras y el uso del lenguaje en
la creación de percepciones me intriga. Esta práctica -muchas veces
llamada «diplomacia pública»- se ha convertido en herramienta
indispensable en el mundo de la geopolítica. Las palabras, al fin y al
cabo, son bloques de construcción de nuestra psicología.
Tomemos,
por ejemplo, la manera en la que hemos llegado a percibir el «litigio»
palestino-israelí y todas las resoluciones de este conflicto que
continúa. Voy a utilizar ideas ya expresadas en otros artículos.
Estados Unidos e Israel han
determinado el discurso mundial sobre esta cuestión, definiendo sus
estrictos parámetros que limitan cada vez más el contenido y la
orientación del debate. Hasta hace poco, cualquier discusión fuera de
estos parámetros, era considerada como irreal, improductiva e incluso
subversiva.
La participación en el debate está reservada a los que suscriben estos grandes principios: aceptación de Israel,
su hegemonía regional y su superioridad militar; aceptación de la
lógica dudosa sobre la que se funda la reivindicación de Palestina por
el Estado judío; y aceptación de quienes son los interlocutores,
movimientos y gobiernos aceptables o no en cualquier solución al
conflicto.
Palabras
como paloma, halcón, militante, extremista, moderado, terrorista,
islamo-fascista, negacionista, amenaza existencial, mulá loco,
determinan la participación en la solución y son capaces de excluir
otras instantáneamente.
Seguidamente, está el lenguaje que preserva «el derecho de Israel a existir»
sin hacer ninguna pregunta: todos lo que invocan al Holocausto, el
antisemitismo y los mitos sobre los derechos históricos de los judíos a
la tierra legada por el Todo-Poderoso –como si Dios fuera un agente
inmobiliario. Este lenguaje no intenta solamente impedir cualquier tipo
de contestación a la conexión judía con Palestina, sino que además busca
sobre todo castigar y marginar a los que atacan la legitimidad de esta
experiencia colonial moderna.
Pero
este pensamiento colectivo no llega a nada, no hace más que ocultar,
distraer, desviar, esquivar y disminuir y no nos encontramos más cerca
de una solución satisfactoria… porque la premisa es falsa.
No hay ninguna solución a este problema. Es el tipo de crisis en la cual constatas el fracaso, ves los errores y los corriges. El problema es Israel. Es
la última experiencia colonial de los tiempos modernos, una experiencia
llevada a cabo en el mismo momento en que tales proyectos se hundían en
todo el mundo.
No
hay «conflicto palestino-israelí» pues esto daría a entender que hay
cierta igualdad en el poder, el sufrimiento y los elementos concretos a
negociar. Pero no existe la más mínima simetría en esta ecuación. Israel
es el ocupante y el opresor. Los palestinos son los ocupados y los
oprimidos.
¿Qué debe negociarse? Israel tiene todas las cartas en su mano.
Pueden devolver tierra, bienes, derechos, pero incluso esto es un
absurdo -pues ¿qué se hace con lo que queda? ¿Por qué no devolver todas
las tierras, todos los bienes y todos los derechos? ¿Por qué tendrían
ellos el derecho de conservar nada? ¿Es la apropiación de tierra y
bienes antes de 1948 fundamentalmente diferente de la apropiación de
tierra y bienes después de la arbitraria fecha de 1967?
¿Cuál
es la diferencia entre los colonialistas de antes de 1948 y los que
colonizaron y se instalaron en tierras palestinas después de 1967?
Permitan
que me corrija: los palestinos tienen una carta en sus manos que hace
salivar a Israel -su gran reivindicación en la mesa de negociación que
parece contener todas las otras. Israel aspira al reconocimiento de su «derecho a existir».
Pero Israel existe ya, ¿no?
En realidad, lo que Israel teme más que nada es su «deslegitimación».
Detrás de las apariencias, existe un Estado construido sobre mitos y
narraciones, protegido únicamente por un gigante militar, con miles de
millones de dólares de ayuda de Estados Unidos y con el veto en el Consejo de Seguridad de la ONU.
No hay nada más entre este Estado y su desmantelamiento. Sin estas tres
cosas, los israelíes no vivirían en una entidad que se ha convertido en
«el lugar más peligroso del mundo para los judíos».
Retiren el discurso y el barniz de la propaganda y se darán cuenta rápidamente que Israel no tiene ni las bases de un Estado normal.
Después de 64 años no tiene fronteras. Después de seis decenios, no ha
estado nunca tan aislado. Después de medio siglo, necesita un ejército
gigantesco simplemente para impedir que los palestinos entren a pie a
sus casas.
Israel es una experiencia fracasada.
Está conectado a una máquina que mantiene sus constantes vitales. Si se
desenchufan estos tres tubos del cadáver, sobreviviría únicamente en la
mente de algunos extranjeros que se han equivocado gravemente pensando
que se lograría el gran robo del siglo.
Lo más importante que podemos hacer frente a la óptica de un solo Estado es desembarazarnos rápidamente del viejo lenguaje. De todas maneras, nada era verdad -no era más que el lenguaje empleado en un «juego» particular.
Desarrollemos
un nuevo vocabulario de posibilidades. El nuevo Estado será el
nacimiento de una gran reconciliación de la humanidad: musulmanes,
cristianos y judíos vivirán juntos en Palestina como lo hicieron anteriormente.
Los
detractores pueden irse lejos. Nuestra paciencia disminuye como la tela
de las tiendas de campaña en los campos del purgatorio donde viven los
palestinos desde hace tres generaciones.
Estos refugiados explotados
por todo el mundo tienen derecho a bellos pisos -como esos que tienen
alberca en la planta baja y un pequeño jardín de palmeras en la entrada.
Porque la indemnización que se les debe por este fracasado experimento
occidental será siempre insuficiente.
Y no, nadie odia a los judíos. Este
es el argumento de última instancia que les queda y con el cual nos
ensordecen -es el último cortafuego para proteger este Frankenstein
israelí. No me interesa para nada escribir las habituales frases para
probar que no odio a los judíos. Es imposible de comprobar y francamente
el argumento no es más que una coartada. Si los judíos que no han
vivido el Holocausto sienten todavía el dolor, que se arreglen con los alemanes. Que les exijan una parte importante de tierras en Alemania -y que tengan suerte.
En
cuanto a los antisemitas que se les hace la boca agua en cuanto ven un
artículo que ataca Israel, que se vayan a tomar viento, ustedes son
parte del problema.
Los israelíes que no querrán compartir Palestina como
ciudadanos iguales con la población palestina indígena, aquellos que no
querrán renunciar a lo que tuvo que renunciar la población palestina
hace 64 años, que tomen su segundo pasaporte y se vuelvan a sus casas.
Los que se queden lo mejor que pueden hacer es adoptar una actitud
positiva. Los palestinos han mostrado su capacidad a perdonar. El nivel
de la carnicería que han sufrido de la parte de sus opresores -sin
respuesta comparable- demuestra un aguante y una fe remarcables.
Será menos la muerte de un Estado judío que
la desaparición de los últimos vestigios del colonialismo moderno. Será
solamente un ritual de paso, todo irá bien. En este momento particular
del siglo XXI, somos todos, universalmente, palestinos, y corregir esta
injusticia constituirá una prueba de nuestra humanidad colectiva y nadie
tiene el derecho de quedarse con los brazos cruzados.
Israel no tiene derecho a existir.
Rompan esta barrera mental y digan: «Israel no tiene derecho a
existir». Saboréenlo, hagan un tuit y escríbanlo en su Facebook y hagan
todo eso sin pensarlo dos veces. La deslegitimación ya está ahí, no
tengan miedo.
Palestina será menos dolorosa de lo que siempre ha sido Israel.
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jueves, 7 de agosto de 2014
¿Rusia es culpable? La III Guerra Mundial inició en verano
Publicado por Unknown en jueves, agosto 07, 2014![]() |
| La muerte se cierne sobre Ucrania. |
¿Se acuerdan de las grandes promesas que siguieron a la caída del muro de Berlín?
El fin del mundo bipolar y la religión del mercado libre acabarían con
todas las guerras. La última (“y nos vamos”) iba a ser contra Irak
porque un tirano menor no respetó el derecho internacional e invadió el
pequeño emirato de Kuwait.
Ya
saben cómo acabó aquella película. Irak no levanta cabeza y lo que
queda de un país otrora próspero es un amasijo de ruinas, lealtades
tribales y juegos de poder internacional. Cortesía de Estados Unidos,
naturalmente. No hay posibilidades de una vida digna en este lugar de
todas las pesadillas. De 1991 a 2014 han pasado 23 años. Y los (pocos)
universitarios que hoy se gradúan en universidades todavía públicas y
todavía gratuitas buscarán trabajo en un mundo estancado en la crisis
permanente y la guerra sin fin.
El mundo posterior al colapso soviético fue
una larga vuelta al siglo XIX pero en este revival neoclásico, algunos
teóricos de la globalización pensaban que la paz perpetua de aquel siglo
podía reeditarse gracias al intercambio mundial de mercancías y la
profunda interacción de capitales y gobiernos que el paquete de la
tercera revolución industrial (sociedad-red, movilidad de capitales,
outsorcing…) ofrecía en su embalaje seductor.
Si China, Estados Unidos, Alemania y Rusia solo
vivían para el comercio, el proyecto neoliberal de "mercado abiertos"
terminaría naturalmente con el espectro del conflicto. Cuando las
burguesías del mundo se fusionan en un solo abrazo para compartir los
beneficios de este mercado global, el reino de la mercancía
predominaría, seguro, sobre las pasiones geopolíticas.
Como de la risa loca ¿no? Algunos ilustres amargados -Rafael Poch, Pepe Escobar, Jean Bricmont o Alexander Cockburn-
llevan años explicando a sus lectores como la OTAN se expandió sin
freno hasta acorralar a Rusia, como el imperialismo humanitario devastó
países no alineados con Washington, como la cruzada antiárabe creó la
balcanización de Oriente Medio y dio alas al Estado judío para convertir las reservas palestinas de Gaza y Cisjordania en espacio de genocidio y expropiación.
Todo
es ya demasiado obvio. El mercado no existe sin oligopolios, puertas
giratorias, alta burguesía e intereses cruzados pero tampoco existe sin
el Estado weberiano y poderoso, cuyos gestores definen, mediante el
complejo militar-industrial y los latifundios mediáticos, una agenda
basada en sostener a toda costa la hegemonía imperial el sistema-dólar y todas las estructuras de control que garantizan el poder estadounidense.
Corporaciones
y empresas reciben los beneficios de este orden unipolar pero su
defensa exige, más de una vez, la presión y el chantaje económico. Contra Rusia,
por ejemplo. Al final de este viaje, los mercados abiertos serán un mal
chiste. Puede que las petroleras texanas terminen abandonando los
campos siberianos, que el mercado europeo de alimentos, materias primas y
productos de consumo entre en barrena tras las contra-sanciones de
Putin. El mercado mundial, si existe, se someterá a la lógica imperial.
Los beneficios serán recortados.
Para los trabajadores, se ha consumado la vuelta al siglo XIX. Para los estados, mezclamos épocas. Un poco de imperialismo decimonónico (la
recuperación de África como espacio de impunidad y saqueo) y otro tanto
de guerra fría, o el discurso habitual del anticomunismo remozado
contra el mal autoritario (y machista) del eje euroasiático donde, como
se sabe, no hay libertades. Aunque sean las falanges ucranianas quienes
bombardean sus propias ciudades, disparan contra aviones comerciales y
queman manifestantes, conocemos la regla: la (contra)revolución no será
televisada. Serán para siempre los buenos chicos de Euromaidán.
1989 queda lejos. Tanto como las ilusiones de paz perpetua. Quien rompa el juego hegemónico,
será tratado con la dosis habitual de sangre, fuego y sanciones.
Acorralado hasta la extenuación por un imperio que no piensa morir sin
matar. Esta ha sido la regla de oro. En la primera, en la segunda y en
la tercera guerra mundial.
La ventaja es que este enemigo sienta bien. Es, casi casi, el eterno adversario. Eurasia (China & Rusia)
fue el objetivo habitual no solo durante la confrontación bipolar del
siglo XIX, sino también en tiempos de expansión imperial allá por el
siglo XIX: la guerra del opio o la guerra de Crimea, por ejemplo. El
largo respiro de 1972 (cuando Nixon pactó con Mao una alianza estratégica contra
la URSS) permitió a Washington recuperarse de una larga cadena de
derrotas en todo el mundo. Hizo de China su fábrica, pero, a cambio,
convirtió un país soberano en potencia mundial. Craso error al fin.
Así que ya es tiempo de volver a la añeja cacería antichina.
En la misma lógica del enemigo de mi enemigo es mi amigo, la vieja
senda de la amistad sino-soviética deberá reemprenderse. De hecho, eso ya está pasando.
Rusia es, ahora mismo, el centro de la jugada imperial. El frente que debe
caer, para ser francos. La guerra en su contra no empezó en Donetsk esta
primavera. Las razias del este de Ucrania solo reactivan el proyecto de
devastación mil veces acariciado. Solo que ahora, con toda la
propaganda mediática en marcha, apretaron el acelerador. En la vieja
senda del asalto a la estepa rusa, la Unión Europea juega al colapso
suicida. Seguir fielmente al patrón ya está teniendo un alto precio.
Bloquear el mercado UE-Rusia detendrá la economía alemana pero así debe ser. Alemania es peón, rehén y basurero de la ideología racista del espacio vital que
el III Reich cedió a EEUU y a Israel, avaladores finales del tutelado
reino de la Merkel. Los gerentes del cártel alemán verán el fin de sus
ganancias en pos del viejo grito: Rusia es culpable.
La cruzada debe proseguir. Y proseguirá.
Por
su legado socialista, por sus recursos naturales, por su potencia
económica y por ser, finalmente, espacios geoestratégicos fuera del
control occidental, la III Guerra Mundial llegará.
Más bien ya llegó. Inició, oficialmente, este verano del 2014 con la
oleada de sanciones y contra sanciones entre Rusia y occidente.
No
será tal y como la imaginábamos en las postales apocalípticas de hace
años, cuando hongos nucleares devastaban en minutos todo el planeta.
Será, más bien, una lenta agonía de silencio y manipulación donde
poblaciones completas perecerán ante la indiferencia de todos mientras
los perros de la guerra convierten esta economía posmoderna en un lugar
de sobrevivencia: empleos escasos, comida escasa, libertades escasas.
Poco
queda por celebrar. Googlear las notas en inglés sobre las masacres
fascistas en Ucrania es descubrir que la verdad pereció entre un alud de propaganda.
Señal ineludible que la guerra ya empezó Y nadie quedará al margen. Nos
esperan nuevos cementerios bajo la luna. Y el fervor de los idiotas
pidiendo, a grito pelado, un poco más de muerte.
Lindo y previsible siglo XXI.
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jueves, 3 de julio de 2014
¿Se puede salir del euro? La izquierda europea en la encrucijada
Publicado por Unknown en jueves, julio 03, 2014
Las recientes elecciones europeas supusieron, en el caso español, la irrupción del fenómeno PODEMOS. Los cinco escaños que el movimiento posindignado consiguió en Estrasburgo el 25 de mayo del 2014 centraron el debate político ibérico. Desde entonces, la posible reconfiguración del espacio de izquierdas ante el sistema de la restauración de 1977 ha generado una avalancha de discusiones mediáticas y cibernéticas.
Lo que menos se ha hecho, por cierto, es analizar el espacio-contexto donde se dio el efecto PODEMOS, es decir, las elecciones al parlamento europeo, cuya asamblea legislativa no elige los poderes ejecutivos de la Unión (de la Comisión Europa al Banco Central Europeo que junto al Fondo Monetario Internacional forman la Troika, o el triunvirato que administra la doctrina del shock contra los países del sur de Europa).
En este blog se analizó el auge del Frente Nacional francés, por ejemplo, no por su habitual batería de medidas racistas y policiales sino por su discurso de recuperación de la soberanía nacional basado en la renegociación de los tratados internos de la Unión Europea que desmantelan el Estado del bienestar y la recuperación del franco y la política monetaria interna. Un programa electoral que asume, sin tapujos, la necesidad de iniciar el “fin ordenado del euro” para el “renacimiento económico de Francia” pues la continuidad de la moneda única es algo parecido a “morir a fuego lento”.
Esta primera propuesta formal de salida del euro asume controles de cambio y nacionalizaciones parciales de la banca así como impuestos especiales “a los activos extranjeros denominados en euros” para evitar cualquier colapso económico en la transición del euro al franco.
En el siglo XXI la ultraderecha francesa asume los discursos antieuropeístas que las izquierdas marxistas defendían en la década de 1980. En cambio, la ambigüedad doctrinal preside los discursos de las izquierdas a día de hoy. El caso emblemático de este marasmo dialéctico se da justamente en PODEMOS y el resto de grupos de la llamada Izquierda Europea cuya posición ante la moneda única y el sistema de dominación financiera que rige la Unión Europea es cuando menos caótica.
Mientras Pablo Iglesias se presentaba como candidato de unidad de esta misma Izquierda Europea a la presidencia del Parlamento Europeo afirmando el 1 de julio que “nuestros pueblos no son menores de edad, ni colonias de ningún fondo de inversiones, no conquistaron y defendieron su libertad para entregársela a una oligarquía financiera", el programa colaborativo de PODEMOS se rige por el sueño de Europa, es decir, la idea que se pueden democratizar las estructuras de la Unión Europea y crear, por ejemplo, “mecanismos de control democrático y parlamentario sobre el Banco Central Europeo” supeditándolo “a las autoridades políticas”. Fantasías habermasianas de democracia participativa que contrastan con el realismo estatista del Frente Nacional cuyas propuestas, de llegar al poder, suenan más factibles que la conversión de los poderes financieros en órganos ciudadanos al servicio de los pueblos de Europa.
Este enfoque parte del discurso dominante en las izquierdas alternativas del viejo continente que tienen en Grecia su expresión más elaborada. El partido-movimiento Syriza, liderado por Alexis Tsipras, puede llegar a gobernar Grecia y por ello sus posiciones ante el euro definen la política real que esta misma coalición de izquierdas considera necesarias. Pese a algunas vieja críticas contra la moneda única, Tsipras ha moderado su discurso en aras de evitar el pánico financiero (o el castigo de los acreedores de Grecia). El discurso europeísta de su principal mentor, el economista Yanis Varoufakis, no deja lugar a dudas. Acorde a su doctrina, toda salida del euro sería una catástrofe y por ello se impone un New Deal Verde que no toque, pero reforme, el marco institucional europeo. Como señala otro economista crítico, próximo a Syriza, Costas Lapavitsas, la meta es una “unión político-fiscal de los territorios que la componen” que transforme el BCE “en un organismo obligado a realizar políticas monetarias pensadas para fomentar el empleo y el crecimiento” junto a la creación de “una “Oficina de Deuda Pública” que pudiera coordinar la emisión y gestión de la deuda pública de cada Estado en colaboración con el BCE”.
Pero también afirma Costas Lapavitsas que la reestructuración de la soberanía europea es más que inviable pues no convendría al capitalismo alemán ni solventaría las desigualdades económicas de la zona euro por lo cual este crítico de la fantasía democratizadora de Europa considera que el “impago de la deuda por parte de los Estados del sur de Europa, y su salida de la moneda única” puede ser el escenario final, y necesario, ante la trampa de la moneda única.
En los linderos de Izquierda Unida, PODEMOS, Parti de Gauche, Die Linke, el grupo parlamentario de la Izquierda Europea, existe un espacio de crítica y cuestionamiento a la continuidad del modelo europeo. El artículo de Manuel Montejo -miembro de la mesa estatal del Frente Cívico Somos Mayoría- que reproduzco en Tiempos de Furia resume, en forma brillante, este estado de opinión que comparten otros académicos como Pedro Montes, Juan Torres López o los 900 firmantes del manifiesto Salir del Euro.
Pese a ello, el debate no ha conseguido cambia ni un ápice las posiciones europeístas de Izquierda Unida o PODEMOS. La democratización de Europa sigue siendo el objetivo de unos grupos políticos que prefieren no entender el sentido final del mercado único europeo tal y como lo planteó uno de los grandes tecnócratas del franquismo español, Gonzalo Fernández de la Mora:
Los sometidos a los prejuicios ideológicos de la partitocracia actual cuestionan el democratismo de una forma política como la Unión Europea. Es obvio que los eurócratas tienen pocas analogías con las oligarquías partidistas que controlan el Estado moderno en su etapa actual, probablemente postrera. Son expertos cooptados que se legitiman por su capacidad y no por el sufragio universal a través de las maquinarias partidistas. El sumo ejemplo es el presidente del futuro Banco Central, dotado de poderes decisivos y no elegido por plebiscito continental. Es igualmente obvio que el Parlamento europeo no es vinculante para los eurócratas y que la composición de la Comisión de Bruselas no responde a ninguna de las aritméticas electorales vigentes en democracias como la italiana. (Allende el estado moderno, Razón Española, n° 93)
Los intelectuales orgánicos de la dictadura española realizaron en la Unión Europea su sueño de una tiranía económica que subyugara, sin votos ni dádivas ni negociaciones con la plebe, a toda Europa. El III Reich y el poder de la City juntos protegiendo a los propietarios de Europa bajo paraguas de Washington.
Si el Sueño de Europa (Pablo Iglesias dixit) nunca existió, ¿no es tiempo de terminar el sainete-tragedia del Euro?
SALIR DEL EURO / MANUEL MONTEJO
En los últimos tiempos, especialmente con motivo de las elecciones europeas de mayo, el discurso dominante en los medios y en el panorama político de nuestro país ofrece una visión de la situación económica que varía entre dos posturas aparentemente contrapuestas pero que comparten una aceptación del orden imperante: ninguna se cuestiona el sistema económico ni las reglas que lo sustentan, el euro y los dictados de la “troika”.
Así, la salida a la grave crisis económica y social que sufrimos se encuentra bien en la profundización en el “austericidio” impuesto por la Unión Europea o bien en el establecimiento de medidas de protección social que palien el necesario ajuste por el que debe pasar nuestra economía para volver a la senda del crecimiento. Tanto la primera, defendida por el Gobierno y demás neoliberales (incluido el mismo PSOE), como la segunda, en la que se encuentra la socialdemocracia mayoritaria en el seno de la izquierda, obvian intencionadamente el problema de fondo de la Unión Europea y el euro. Ambas aceptan sin ningún cuestionamiento la estructura de la Eurozona, aunque se mueven entre la resignación de la derecha, que recibe gran parte de los beneficios, y la vana esperanza de reformarla de la izquierda.
Desde los poderes se intenta trasladar que la solución pasa bien por “más Europa” o por “otra Europa”, de forma que se asimile la idea de una construcción incompleta o fallida de la Unión Europea. Sin embargo, dejan de lado una idea que resiste mejor el análisis económico y político: la Eurozona, el euro, ha sido un rotundo éxito, destinado a causar un enorme daño social a la mayor parte de las poblaciones europeas y un beneficio para unas minorías.
Muy pocas voces han denunciado la relación existente entre la crisis en Europa, fruto del proceso de construcción de una superestructura liberal al servicio del capital europeo, y la crisis de régimen del Estado Español.
Digámoslo más claro. Hemos de dejar de engañarnos puesto que no se puede albergar ilusión alguna en el ideal de la Unión Europea y su proceso de integración. Los acontecimientos políticos y sociales en la UE, especialmente en el Sur, después del comienzo de la crisis capitalista mundial en los años 2007-2008, justifican aún más el rechazo político al “proyecto europeo”.
Para entender este discurso, tildado de catastrofista, basta con considerar cuatro aspectos clave:
a) Las medidas de austeridad y las “reformas estructurales” impuestas a la periferia europea son un experimento de “ingeniería social” neoliberal, que recuerdan a los “programas de ajuste estructural del FMI”.
b) Al mismo tiempo, esta austeridad viene acompañada por una negación de la soberanía popular. El estado español es hoy un país con una soberanía limitada, en donde la “troika” (UE, FMI, BCE) impone sus deseos al gobierno.
c) Esta arquitectura europea profundiza la división entre Norte y Sur, estableciendo una relación centro-periferia. Así, la economía española obedece a un nuevo modelo productivo, adaptado a las opciones estratégicas del capital europeo; un modelo que devalúa lo existente en favor de menores costes laborales, inversión en la construcción, el turismo y los servicios, etc.
d) El euro no es el responsable de la crisis en sí mismo, ya que no crea dinámicas que no existan en el capitalismo, pero si es la herramienta de dominación del capital europeo para imponer su modelo económico, encaminado a reproducir una acumulación por desposesión. Es el instrumento que posibilita la tendencia a la desigualdad social y regional en la Eurozona. Podríamos decir que el euro ha facilitado el surgimiento de una Europa neoliberal “a la alemana”, con la complicidad de las burguesías periféricas que han colaborado liquidando el Estado social. Por lo tanto, los desequilibrios en la arquitectura del euro son estructurales e inherentes al proyecto.
Frente a estos datos, se nos ofrecen cantos de sirena apelando a la “modernidad” y a los beneficios obtenidos por España por su pertenencia a la UE, debido a la transferencia de fondos para obras públicas. No obstante, este saldo podría considerarse negativo si valoramos las privatizaciones obligatorias, los déficits comerciales, las dificultades del sector agrícola bajo la presión de la PAC, etc.
Observando este panorama, la única pregunta que cabe sería: ¿es posible aspirar a una salida del círculo vicioso de la austeridad, la recesión y el desempleo, de todas las restricciones institucionales que se imponen a la sociedad española, sin una confrontación directa con la Unión Europea? Y se debería decir claro: no es posible una salida transformadora, dentro del euro y de la arquitectura europea actual. Si no es posible aspirar a ningún programa que proponga una opción social y democrática para nuestro país, es de vital importancia plantearnos la salida del euro, paso inicial para avanzar hacia un nuevo modelo económico y social democrático.
Pero esta idea no está presente en el imaginario de nuestra sociedad; ni siquiera es predominante entre la clase trabajadora. Si analizamos los datos ofrecidos por distintas encuestas europeas, como el informe Transatlantic Trends[i], observamos que el 65% de los europeos, especialmente en el Sur, afirma haberse visto personalmente afectado por la crisis económica y el 82% opina que su sistema económico recompensa desproporcionadamente a unos pocos a expensas del grueso de la población. Al mismo tiempo, el 60% cree que el uso del euro ha sido (o sería en países de fuera de la eurozona) negativo para su economía. Sin embargo, pocos desean abandonar el euro. Cuando a quienes responden que el euro ha sido negativo para su economía, se les pregunta si desean volver a su moneda anterior, la mayoría de ese subgrupo prefiere mantener el euro: el 51%.
Nos encontramos por tanto ante una aceptación del beneficio de la supuesta “modernidad” aportada por la pertenencia a la UE y de la crisis como un mal a asumir. Reconociendo el impacto negativo del euro y de la normativa económica europea, la perspectiva parece pasar por “resistir” hasta que todo vuelva a ser como antes. ¿A qué se debe esto?
La crítica al Euro es habitualmente rebatida, desde el discurso hegemónico neoliberal, apelando al miedo y a la posible catástrofe que conllevaría una eventual salida del euro. Sin embargo, se intenta ocultar la respuesta lógica a este planteamiento falsario: ¿cuáles van a ser las consecuencias de permanecer bajo este estado de dominación? ¿Se puede mantener el sistema euro con estos niveles de deuda? Es una tarea imprescindible que las clases populares adquieran la conciencia del inevitable destino que lleva aparejado el euro y esta Europa. Para ello, no se puede negar las complicaciones que puede conllevar la recuperación de la soberanía pero hay que desmontar el falso discurso de la recuperación.
En un reciente artículo, el economista italiano Giorgio Gattei y Antonio Iero[ii] planteaban una simulación del calendario de devolución de la deuda de Italia durante los próximos 20 años, periodo en el que el Pacto Fiscal (el Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza) obliga a reducir al 60% la relación entre la deuda pública y el PIB en todos los países de la Eurozona. Ambos autores señalan el interés de estimar la cantidad del saldo primario, la diferencia entre gastos e ingresos del Estado sin contabilizar los intereses por el pago de la deuda, necesario para llevar la deuda pública al porcentaje del PIB comprometido. Es un simple modelo de simulación que, partiendo de los datos actuales, permite seguir la evolución de la deuda pública y del PIB. La deuda pública crece en función de su tipo de interés medio y tiende a disminuir en virtud de un saldo primario positivo. A su vez, el PIB aumenta en proporción a su porcentaje de crecimiento real y al nivel de inflación. Evidentemente, el modelo deja fuera variables y acciones en la gestión de la liquidez del estado que puedan ocurrir en el futuro.
Podemos trasladar esta simulación al caso español, en base a unas previsiones más que optimistas y sin considerar posibles crisis. Como base de partida asumimos las predicciones de la Fundación de las Cajas de Ahorros (FUNCAS) para 2014 y 2015. Sobre esta base, optimista, hemos previsto un crecimiento constante del PIB del 1.6%, el doble del actual, una inflación del 1.5% y unos tipos de interés del 3%, más bajos que los actuales. De esta manera, se ha calculado a cuánto asciende el saldo primario en las cuentas públicas para poder llegar, en 2033, al objetivo de la relación entre deuda/PIB del 60%.
CALENDARIO DE DEVOLUCIÓN DE LA DEUDA PÚBLICA DE ESPAÑA (MODELO GATTEI–IERO)
(Datos en miles de millones de euros)
El monto total de la deuda seguiría creciendo hasta 2026 para disminuir solamente a partir de ese momento. Pero lo realmente importante es que para alcanzar una deuda pública del 60% del PIB sería necesario obtener (y mantener durante quince años) un saldo primario no inferior al 2,29% del PIB. El saldo primario en ese periodo debería sumar un total de 512 mil millones de euros, con una media de 28 mil millones por año. Esto significa que para cumplir un objetivo crucial y un tratado vinculante, España debería aumentar la presión fiscal y/o disminuir el gasto público para obtener un saldo de 28 mil millones de euros extras al año.
Además, estas medidas conllevarían enormes disminuciones en la dinámica del PIB, que difícilmente podrían mantenerse al ritmo del crecimiento del 1.6% planteado en la hipótesis. Hay que resaltar, por último, que estos objetivos se conseguirían si no ocurren acontecimientos traumáticos en los mercados financieros y en los sistemas económicos conectados con España. Un escenario que momentáneamente no parece verosímil.
¿Es posible llegar a 2033 con ese nivel de daño social? ¿Estamos dispuestos a tolerarlo? Independientemente de las cifras reales, puesto que nos basamos en predicciones, podemos concluir que esta deuda es impagable y, si se intentara pagar, el grado de sufrimiento social es inimaginable e inaceptable. Es, por tanto, necesario afirmar que la crisis no va a superarse de continuar con estas políticas y que la permanencia en la UE y en el Euro es la condena del Sur de Europa.
Y mostrar esta realidad es una tarea irrenunciable de la izquierda y de los movimientos sociales. No basta con denunciar una UE antidemocrática y autoritaria sin asumir la imposibilidad de su reforma. No es posible luchar por “otra” UE fuera del neoliberalismo, sin déficit democrático, con un BCE solidario y donde la redistribución de los fondos se priorice a los países del Sur de Europa, etc. ¡Esta otra Europa no existe! Las raíces de la actual configuración de la integración europea no se inspiran en sueños sociales, federalistas y democráticos, sino en el corazón del neoliberalismo antidemocrático. Pero lo peor es que a causa de este déficit estratégico se deja abierto el espacio a la extrema derecha para que se apropie del sentimiento euroescéptico.
Es hora de plantear este problema con decisión y audacia, obviando los intereses electoralistas y el peso del discurso hegemónico, para ofrecer una salida veraz a nuestra sociedad. La cuestión del euro debería ser nodal en cada debate sobre el futuro. El problema de esta Europa no es político ni de carácter social. La UE está avanzando a buen ritmo por el único camino que se ha fijado como destino: el desmantelamiento del Estado en beneficio de las oligarquías centroeuropeas y sus cómplices en los países del Sur. No nos engañemos.
_______________________________________
[1] Informe de septiembre de 2013 que analiza la situación europea y transatlántica, realizado por el German Marshall Fund (con la colaboración del BBVA): http://trends.gmfus.org/transatlantic-trends-2013-released/
[2] “La insostenible devolución de la deuda”. http://www.economiaepolitica.it/index.php/politiche-fiscali-e-di-bilancio/linsostenibile-rimborso-del-debito/
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miércoles, 4 de junio de 2014
MIto y literatura: Eduardo Subirats contra el colonialismo académico
Publicado por Unknown en miércoles, junio 04, 2014
El pasado 22 de mayo del 2014 el filósofo y ensayista Eduardo Subirats presentó en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM su último libro, Mito y Literatura (Siglo XXI, México), análisis de cuatro grandes obras de
la literatura latinoamericana: Pedro Páramo
de Juan Rulfo (1955), Yo el supremo de Augusto Roa Bastos, Los ríos profundos de José María
Arguedas (1958), Macunaíma de Mário
de Andrade (1928) y Os Sertões de Euclides
da Cunha (1902) con una mirada teórica esclarecida que rechaza la retórica
posmodernista y estructuralista para adentrarse en la memoria mitológica de un
continente desvastado por sus élites coloniales y sus intelectuales a modo que
siguen reproduciendo, en tierra de indios, el canon occidental.
Ejemplo perfecto de este bovarismo éxótico, o el complejo
de desapego con el mundo americano que muestra todo descendiente de europeos
según acertada definición del chileno Miguel Rojas-Mix, fue la espectacular confesión de uno de los ponentes en
la presentación de Mito y Literatura.
Excepto Pedro Páramo, no había leído
ningún de los otros libros analizados por Subirats. Tampoco sabía de la existencia
de la Antropofagia brasileña que junto al muralismo fue la verdadera vanguardia
–ni mimética ni clónica- de América Latina.
El logos colonial
que se impuso desde 1492 no solo fue guerra, exterminio y expolio. Su esencial
encomienda fue la “sustitución de un orden mitológico por un sistema lingüístico,
teológico y jurídico elevado a logos universal” (Subirats, 2014, pág. 411). Cambiar el mismo
orden del ser para erradicar siquiera la imagen de lo que un día fue. Este
proceso de rescate, teoría y análisis del continente vacío culmina, momentáneamente,
con esta excelente edición de Siglo XXI
Editores.
Razón por la cual pedí al propio Eduardo una copia de su plática
de mayo en el salón de usos múltiples de Filosofía y Letras. En esta
perspectiva postcolonial que se abre paso en la ciudad letrada de América
Latina, la obra de Eduardo Subirats
cuestiona de raíz “el formalismo estructualista, el racionalismo positivista y
empírico-crítico” que mantiene, en esencia, la herencia misionera del imperio
español. Puede que esta sea la razón que sus textos provoquen generalmente al cuerpo académico de todas las ciudadelas
que un día construyó su católica majestad.
Y aunque provocar es un verbo ambiguo –bueno para provocar
ganas de bailar con este profesor de la New York University o ganas de linchar a tan peligroso iconoclasta- lo
cierto es que los caminos de Subirats no coinciden con las convenciones del
poder intelectual. Le costó (casi) su exilio español y diría yo que solo su impresionante
currículum, su papel en la academia estadounidense y la vieja y subterránea rebeldía
de cierta academia latinoamericana contra sus patrones-colonizadores explica el
hecho que su presencia sea cosa habitual en México. Se agradece porque me recuerda que se sigue pensando más
libremente en esta orilla del Atlántico que en la Madre Patria donde incluso
tener una república es una quimera prohibida por el poder.
PRESENTACIÓN DE MITO Y LITERATURA / EDUARDO SUBIRATS
Amigas y amigos,
He venido a presentar tres libros – Mito y literatura, Deconstrucciones
hispánicas y Filosofía y tiempo final
–. Permítanme unas palabras de justificación.
Deconstrucciones hispánicas[1]
es una colección de conferencias sobre un tema que he tratado sucesivas veces,
en particular en mi libro Memoria y
exilio: la prolongada decadencia del nacional-catolicismo español, desde el
siglo dieciséis hasta nuestros días.[2] Al mismo tiempo, denuncia el
vacío político e intelectual de la conciencia europea contemporánea en la que
se enmarca el actual colapso de la monarquía borbónica. Pero es también un
libro que formula un programa afirmativo en torno a un renovado concepto de
esclarecimiento.
El segundo libro, Filosofía
y tiempo final, es una miscelánea de ensayos publicados desde mis años de
estudiante en Berlín hasta el día de hoy.[3] Es una antología que no
tiene otro propósito que citar los pasajes de un aprendizaje intelectual a lo
largo de una serie de hitos de la conciencia moderna: la teología y las
filosofías de la colonización americana, la ausencia de una tradición
esclarecida en el mundo hispánico, la crisis de la conciencia europea en el
romanticismo, la estética de la modernidad o la truncada función del
intelectual en las sociedades contemporáneas, y un epílogo sobre la deriva del
pensamiento filosófico en el mundo actual (que ha sido suprimido en esta
edición por razones técnicas). Lo repito: la única virtud de estos ensayos consiste
en describir un aprendizaje individual desde una situación geopolítica marginal,
la ibérica e iberoamericana, con respecto a los centros productores de
pensamiento global; y un aprendizaje desde una posición intelectual distante con
respecto al establishment anti-intelectual español y al hispanismo
norteamericano.
Pero quiero dedicar esta presentación fundamentalmente a Mito y literatura.[4] Cuatro razones: es mi
último libro, traza una alternativa a la comercialización y trivialización de
la literatura contemporánea, pone de manifiesto la ausencia de una teoría literaria
y, no en último lugar, plantea una renovadora reflexión poética, lingüística y metodológica
en torno a las literaturas y las culturas de América latina.
*
Desde un punto de vista personal este libro es la
expresión de un deseo de penetrar en las almas latinoamericanas representadas
por cinco obras literarias maestras del siglo veinte: Macunaíma, Los ríos profundos, Pedro Páramo, Grande sertão: veredas y
Yo, el Supremo. Esto quiere decir que
reconstruyo hermenéuticamente estas novelas como un viaje de conocimiento y
transformación a través de universos mitológicos, culturales, políticos y
poéticos las más veces ignorados bajo las clasificaciones académicas de
realismo mágico y literatura fantástica, o las etiquetas comerciales de
literatura de ficción.
Pero subrayo también esta aproximación “personal” a la
literatura, en abierta polémica a su fragmentación y formalización académicas,
como el único camino que permite elevar los significados de la obra de arte a
sus momentos ontológica y psicológicamente más profundos. Este es el punto de
vista de una teoría literaria que no acepta su departamentalización y fragmentación
corporativas, su subsiguiente
achatamiento a textos e intertextualidades, y su formalización estilística o
gramatical. Mi análisis comprende, por el contrario, la reflexión
antropológica, histórica, estética, política y, no en último lugar, metafísica
a partir de la obra de literaria.
Esta definición filosófica de teoría tiene otra
consecuencia. Realza un concepto activo de lector, en lugar del consumidor espiritualmente
paralítico que imponen los controles académicos y la trivialización comercial
de la literatura como ficción. Al mismo tiempo, destaca el carácter individual
y único de la creación artística y sus dimensiones al mismo tiempo subjetivas y
políticas, que la corporación académica suplanta por sujetos lingüísticos,
psicológica e históricamente vacíos, y un creative
writing oportunísticamente bagatelizado.
El ejemplo de una novela que todos ustedes conocen, Pedro Páramo, puede ser ilustrativo.
Bajo su forma lingüística y su estructura narrativa he puesto al descubierto el
vínculo emocional de las mujeres de Comala con las diosas y los dioses
mesoamericanos antiguos, vivos en las memorias populares e indígenas, por más
que acosados y reprimidos por la teología colonial cristiana. Al mismo tiempo,
he mostrado la estructura racional que vincula la función culpabilizadora representada
por el sacerdote Rentería con la lógica del expolio, la violación y la muerte
que distingue el caciquismo mexicano. En tercer lugar, he desentrañado en el
personaje de Susana Sanjuán, la verdadera protagonista de la novela de Juan
Rulfo, la epifanía de una diosa mesoamericana, una síntesis de Coatlicue y
Xochiquetzal. Susana es una diosa del amor erótico, y de la vida y la muerte, por
mucho que el sujeto colonial y poscolonial, patrocinado por el personaje de Pedro
Páramo, no sea capaz de ver en ella más que una pura Virgen de Guadalupe.
Bajo la fascinación religiosa que despiertan las sometidas
diosas de Comala, y del dolor que generan los cuadros de opresión católica y
machista a lo largo de esta novela, señalo una estructura profunda, a la vez
psicológica, política y mitológica, frente a la que las semiologías
estructuralistas y postestructuralistas son programada y programáticamente ciegas.
Pongo de manifiesto la interrelación entre una memoria religiosa y mitológica precolonial
reprimida, la retórica de la culpa originaria y su redención eclesiástica como
principio sacramental y corrupto del poder teológico y político. Por último
subrayo la fundamental importancia metodológica de los escamoteados vínculos
extratextuales con la realidad social y política, sin las que es imposible la
comprensión de toda obra literaria.
Se lo puede llamar una hermenéutica mito-poética. La
poesía poética y la poética como creatividad remontan necesariamente a las
memorias simbólicas y mitológicas de las palabras. Desde el punto de vista de esta
memoria mitopoética, por ejemplo, el inframundo de Comala es el Tlalocan
mesoamericano. Y toda la novela de Pedro
Páramo puede reconstruirse a partir del choque irreconciliable entre el
inframundo azteca y mesoamericano y el infierno de la mitología cristiana.
Pero el método de análisis literario que expongo en Mito y literatura no solamente entraña una
hermenéutica mito-poética. Tengo que señalar también la función esclarecedora
en un sentido tanto estético como político que necesariamente atraviesa el
análisis de estas novelas. Su reconstrucción es esclarecedora por el simple
hecho de confrontar las lógicas y teologías de su hibridación, desarticulación y
disolución. Es esclarecedora allí donde revela el choque violento del orden
mitológico del mundo con el verbo y logos de un poder teológico, científico y
político enajenante. Es esclarecedora en la medida en que pone de manifiesto la
complicidad de la escolástica estructuralista con este mismo proceso de
desmantelamiento colonizador de las memorias. Y es esclarecedora, en el caso
que aquí he elegido como ejemplo, es decir Pedro
Páramo, porque confronta la hibridación católica y la disolución las
memorias mitológicas de Comala bajo el despojo caciquil, la culpa y
subjetivación eclesiásticas, y las diversas figuras de violencia que recorren
la historia de Latinoamérica hasta el día de hoy.
Existe todavía un tercer aspecto de este método y teoría
mitopoéticos que también tengo que subrayar: su dimensión estética. Una
estética entendida como teoría de la experiencia a la vez sensible y metafísica
de las cosas. Y entendida como una teoría de los momentos misteriosos y
mistéricos inherentes a las novelas que analizo en este libro y que, en Pedro Páramo en particular, cristalizan
bajo la figura del incesto sagrado de Juan Preciado con la Tierra caliente y
húmeda en el Tlalocan de Comala.
Este momento mistérico y metafísico plantea
necesariamente un concepto prohibido por la antiestética de la avant-garde: el
concepto de belleza. En las novelas que analizo en Mito y literatura esta experiencia a la vez estética y mitológica
de belleza se representa como una perfección intrínseca de la naturaleza y el
cosmos, y una unidad no dualista de sus fuerzas generatrices y conflictivas del
ser y el no-ser, y de la vida y la muerte. Aquella misma síntesis que
encontramos en la pareja Xochiquetzal-Coatlicue encarnada en el personaje de
Susana Sanjuán de Pedro Páramo.
*
A esta mirada mitológica, psicológica y política sobre las
poéticas latinoamericanas modernas le precede una historia que aquí no puedo
dejar de mencionar. Lo que antecede a Mito
y literatura es El continente vacío.[5] Este libro lo escribí
mientras mis ex-compatriotas españoles se entregaban a la celebración de la ilusoria
grandeza nacional de su cruzada imperialista de ultramar, que destruyó íntegramente
las culturas de América. Me refiero al Quinto
Centenario, bajo cuya propaganda se liquidó
la edición española de El continente
vacío. La razón del acoso institucional a esta obra fue su tesis principal:
la crítica de la teología política de la colonización; una crítica de la
teología política representada por San Pablo y Las Casas.
Pero la conclusión afirmativa de El continente vacío no es menos importante que su crítica de la
teología política del colonialismo. Esta conclusión se articula en torno a la
deslumbrante, aunque ignorada, figura intelectual del humanista Garcilaso el
Inca. Y subraya su proximidad con respecto al filósofo sefardí Leone Ebreo, de
quien tradujo al hispanoamericano su obra Dialoghi
de amore. En El continente vacío cierro
mi análisis del proceso colonial con una observación sobre la teoría estética de
Garcilaso que se desprende de este dialogo intelectual que protagonizó entre el
universo espiritual sefardí y la cosmología inca.
Resumiré esta conclusión estética en dos palabras: La aproximación
literaria y filosófica a la memoria mitológica de las Américas es el fundamento
necesario de toda poética postcolonial. Y quiero subrayar que este diálogo
literario y filosófico con las religiones, las cosmogonías y los mitos
originales de América posee una tradición paralela en el humanismo esclarecido
europeo representado por Bruno o Spinoza en el contexto del humanismo europeo, o
por Erich Neumann o Karl Kerenyi en el humanismo del siglo veinte. Y que es una
tradición que ha sido enterrada bajo la militancia antihumanista, antiestética
y reaccionaria del estructuralismo y sus escoliastas.
*
Quiero terminar con una importante observación histórica.
Mito y literatura parte del Movimento Antropofago de São Paulo, liderado
por Oswald de Andrade, Tarsila do Amaral y Mário de Andrade, como origen de la
modernidad latinoamericana del siglo veinte en las artes y la arquitectura, lo
mismo que en la literatura y la música. Este origen no hay que buscarlo en los
programas de Marinetti, ni en el cubismo de Lèger o la arquitectura de Le
Corbusier, ni en las novelas de Faulkner, ni mucho menos en los sucesivos international styles dictados por el
MoMA de New York a lo largo de la Guerra fría. El Manifesto Antropófago es el acta de nacimiento de la modernidad
latinoamericana en todo lo más positivo y profundo que este concepto pueda
encerrar: su memoria mitológica, su crítica del colonialismo y su libertad de cuerpo
y alma. Eso explica también su marginación y silenciamiento por parte de los
dictados museográficos y latinoamericanistas norteamericanos desde 1945.
Quiero resumir esa estética y política latinoamericanas de
la Antropofagia brasileira bajo tres principios elementales: la defensa de un
origen religioso de América latina a partir de los mitos indígenas y los ritos africanos;
la exaltación estética y política de un orden civilizatorio matriarcal y una
relación armónica de la civilización moderna y la naturaleza; y tercero, la
constitución de una sociedad democrática, solidaria y políticamente soberana,
frente a las pretensiones coloniales sobre América latina del imperialismo
europeo y norteamericano.
*
No puedo despedirme sin expresar mi gratitud hacia todos
los profesores y estudiantes que en Guanajuato o Cali, en São Paulo y Puebla, o
en Lima y Bogotá, así como en la Ciudad de México han acompañado el proceso de
creación de Mito y literatura. Ni
puedo dejar de agradecer al Dr. Jaime Labastida por la impecable edición de
este libro. Ni a Arturo Aguirre y Antonio Duran por su edición de Deconstrucciones hispánicas y Filosofía y tiempo final.
Eduardo Subirats
Ciudad de México, 22 de Mayo de 2014
[2] Memoria y exilio (Madrid: Losada, 2003). Una versión corregida y notablemente aumentada de
esta obra está por publicar.
[4] Mito y
literatura (México: Siglo XXI,
2014).
[5] El continente vacío. La conquista del Nuevo Mundo y la conciencia moderna (Madrid: Anaya & Mario Muchnik), 525 pp.; (México: Siglo XXI), 379 pp. (Tercera edición aumentada: Universidad de Cartagena; Universidad de Cali, 2011), 480 pp.
[5] El continente vacío. La conquista del Nuevo Mundo y la conciencia moderna (Madrid: Anaya & Mario Muchnik), 525 pp.; (México: Siglo XXI), 379 pp. (Tercera edición aumentada: Universidad de Cartagena; Universidad de Cali, 2011), 480 pp.
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